telescopio
Tutum, tutum, tutum.
Sigue latiendo.
Como las estrellas.
Transformando casi incansablemente, hidrógeno en helio.
Voy a seguir contándoles sobre mí.
Qué mierda significa tahtitieteilija.
Para mí, es el resumen conceptual de lo que más me apasionaba, cuando tuve que darme una identidad en internet. Ojalá y el Registro Civil también te dejara.
Significa astrónomo en finés.
Eso entré a estudiar a la Universidad de Chile hace cuatro años. Astronomía.
Ése es mi país fetiche. Todos tenemos uno ¿no?. Finlandia.
Si alguien ha seguido mis post anteriores sabe que mi experiencia en la U no fue de las mejores en sus inicios, y que cada vez que mi vieja me dice que la mejor época de su vida fue la universitaria, de inmediato le respondo irónico, "claro, súper peludo lo que estudiaste".
No la culpo ni la miro en menos, porque aparte de ser ella genial, lo que le tocó vivir después sí que fue peludo, y yo ni me veo en su lugar.
Pero pasa que me acuerdo de sexto básico, segundo medio, o de tercero, y no hay forma de superar en sabor y olor, el hecho de ir al colegio todas las mañanas con el mar al lado. Tres kilómetros.
Una mañana, tras una tormenta de esas típicas y con marea alta, en el camino a clases, el más hermoso y tierno cachorrito de lobo marino que se puedan imaginar, asustado, no sabía como dejarnos pasar, provocando un taco increíble. Tres autos.
- Pedrito, ¿qué niño de Santiago se encontraría con esto yendo al colegio? - me dijo mi viejo que iba manejando.
- Demás - le respondí sin pesar sus palabras, atentísimo al amor y ternura que hasta el día de hoy, me nace por cualquier cachorro. Aunque sea una hienita.
Tenía razón el culiao.
Y me apesta acordarme de los hoyos de Avenida Matta que tengo que esquivar estas otras mañanas, las universitarias.
Cuarto medio lo hice en cinco meses, porque los primeros seis de ese año, di vueltas.
Tantas, que me atreví a mochilear solo por varios países, a los 17.
Y de una u otra forma, que no viene al caso detallar, tras hacerme amigo de mil personas, una me dijo.
- Yo trabajo en barcos tres semanas seguidas y después descanso dos, acá en Estocolmo - me dijo Nicolas. Nicolas Redlik. Imposible no recordar su nombre y apellido por lo que me dijo a continuación - y tengo pasajes para viajar estas dos semanas, pero no me interesa usarlos. Toma.
Pasajes ida y vuelta en primera clase a Helsinki.
Conocí a Nadja.
Sí, la chica que aparece acostada en este fondo de pantalla es Nadja.
La foto se la tomé en la pista de aterrizaje del aún no inaugurado aeropuerto de Copiapó, en enero recién pasado, cuando vino a verme y viajamos por todo Chile juntos.
La idea era estar en Finlandia un par de días, pero postergué mi pasaje veinticuatro horas. Tres veces.
De vuelta en Chile, y tras poder destruir la PAA y ser destruido el primer año en la U, logré pasar todos los ramos a rasguño limpio.
La sensación de tenacidad en mí era el mejor premio.
Pero mi viejo quiso darme otro.
Y mi hermano, ingeniero exitoso igual de sufrido, el único que de verdad me entiende, también. El mismo premio.
Ok, tú dame el pasaje y tú la plata del pasaje, pero me voy el otro verano. Ahora necesito pasar enero y febrero en mi Puerto Montt.
Pasó segundo año.
Y no tuve verano de nuevo.
Preferí las temperaturas bajo cero.
Preferí los -30 °C.
- Hueón, el refrigerador que ustedes ocupan en este país es para mantener las cosas calientes.
Se reían.
Y yo traté de aprender a reírme en finés como ellos.
Y nada.
El año pasado me invitaron dos veces a observar a Tololo, estudiante predilecto de un par de profes, y en el ocio de la noche nació mi fotolog, fotolog que maté por culpa de este blog que terminó heredando su nombre. El ocio era culpa de un telescopio que tienes que moverlo sólo cada tres horas porque estás haciendo observación en infrarrojo y en infrarrojo el tiempo de integración se recomienda así de largo. Tres horas.
Acostarte a las siete de la mañana y desayunar en la tarde. A las tres.
Subir a calibrar los filtros del telescopio.
Bajar a almorzar a las seis.
Y a las siete estar arriba de nuevo pues empieza a atardecer.
El año pasado fue terrible académicamente.
Y el problema no fue tocar fondo.
Fue tocar techo.
Un domingo mi viejo me dijo que se iba de la casa, y apenas empieza a explayarse, lo interrumpo.
- Papá, ¿tienes otra mina? - era lo único que me importaba en ese minuto junto con ver a mi vieja llorando pa'l pico.
- No Pedro, lo que no quita que haya sido infiel en el pasado.
Se me cayó el mundo.
Se me cayó la bóveda celeste entera.
- Mamá, ¿puedo llevarme el auto? necesito salir y llorar.
Desde entonces, veinte meses, he visto a mi viejo muy pocas veces.
Tres.
El lunes después de ese domingo, empecé a trabajar en investigación con unos locos de Yale.
- Me gusta tu ritmo de trabajo - me dijeron.
Obvio, si no tenía ganas de pensar, de estar solo, de niuna hueá. No me quedaba más que trabajar hasta tardísimo.
Le caí bien al principal.
Me puso como co-autor de un paper (publicación en una revista de investigación) junto a otros astrónomos.
El techo de cualquier pendejo estudiante a los 21 años.
Aparecer en un paper, del cual con cuea hice dos gráficos, pero repito, le caí bien. Ser invitado, porque sí, dos veces a Tololo, trabajar el segundo semestre en investigación con uno de los dos astrónomos Premio Nacional de Ciencias, ése que a veces aparece en las entrevistas del posero de Cristián Warnken. Tener un 7.
Y que no se haya movido ni la más puta fibra existencialista, de esas que me dijeron, "hueón, cáchate astronomía".
Quería entender los infinitos, los ceros, las teorías, los agujeros negros, las supernovas, a Einstein y a Hawking más allá de una biografía.
Hoy los entiendo.
Y sería.
¿Vuelvo a mi idea de estudiar filosofía?
No.
Es cosa de un par de ramos y termino astronomía, además de geofísica. Temblor ¿quién dijo temblor?. Y si las ganas de tener plata asegurada siguen, pues me aguanto los dos años que me faltan para terminar ingeniería civil industrial.
Por mientras.
Por mientras escribo en mi blog.
Sigue latiendo.
Como las estrellas.
Transformando casi incansablemente, hidrógeno en helio.
Voy a seguir contándoles sobre mí.
Qué mierda significa tahtitieteilija.
Para mí, es el resumen conceptual de lo que más me apasionaba, cuando tuve que darme una identidad en internet. Ojalá y el Registro Civil también te dejara.
Significa astrónomo en finés.
Eso entré a estudiar a la Universidad de Chile hace cuatro años. Astronomía.
Ése es mi país fetiche. Todos tenemos uno ¿no?. Finlandia.
Si alguien ha seguido mis post anteriores sabe que mi experiencia en la U no fue de las mejores en sus inicios, y que cada vez que mi vieja me dice que la mejor época de su vida fue la universitaria, de inmediato le respondo irónico, "claro, súper peludo lo que estudiaste".
No la culpo ni la miro en menos, porque aparte de ser ella genial, lo que le tocó vivir después sí que fue peludo, y yo ni me veo en su lugar.
Pero pasa que me acuerdo de sexto básico, segundo medio, o de tercero, y no hay forma de superar en sabor y olor, el hecho de ir al colegio todas las mañanas con el mar al lado. Tres kilómetros.
Una mañana, tras una tormenta de esas típicas y con marea alta, en el camino a clases, el más hermoso y tierno cachorrito de lobo marino que se puedan imaginar, asustado, no sabía como dejarnos pasar, provocando un taco increíble. Tres autos.
- Pedrito, ¿qué niño de Santiago se encontraría con esto yendo al colegio? - me dijo mi viejo que iba manejando.
- Demás - le respondí sin pesar sus palabras, atentísimo al amor y ternura que hasta el día de hoy, me nace por cualquier cachorro. Aunque sea una hienita.
Tenía razón el culiao.
Y me apesta acordarme de los hoyos de Avenida Matta que tengo que esquivar estas otras mañanas, las universitarias.
Cuarto medio lo hice en cinco meses, porque los primeros seis de ese año, di vueltas.
Tantas, que me atreví a mochilear solo por varios países, a los 17.
Y de una u otra forma, que no viene al caso detallar, tras hacerme amigo de mil personas, una me dijo.
- Yo trabajo en barcos tres semanas seguidas y después descanso dos, acá en Estocolmo - me dijo Nicolas. Nicolas Redlik. Imposible no recordar su nombre y apellido por lo que me dijo a continuación - y tengo pasajes para viajar estas dos semanas, pero no me interesa usarlos. Toma.
Pasajes ida y vuelta en primera clase a Helsinki.
Conocí a Nadja.
Sí, la chica que aparece acostada en este fondo de pantalla es Nadja.
La foto se la tomé en la pista de aterrizaje del aún no inaugurado aeropuerto de Copiapó, en enero recién pasado, cuando vino a verme y viajamos por todo Chile juntos.
La idea era estar en Finlandia un par de días, pero postergué mi pasaje veinticuatro horas. Tres veces.
De vuelta en Chile, y tras poder destruir la PAA y ser destruido el primer año en la U, logré pasar todos los ramos a rasguño limpio.
La sensación de tenacidad en mí era el mejor premio.
Pero mi viejo quiso darme otro.
Y mi hermano, ingeniero exitoso igual de sufrido, el único que de verdad me entiende, también. El mismo premio.
Ok, tú dame el pasaje y tú la plata del pasaje, pero me voy el otro verano. Ahora necesito pasar enero y febrero en mi Puerto Montt.
Pasó segundo año.
Y no tuve verano de nuevo.
Preferí las temperaturas bajo cero.
Preferí los -30 °C.
- Hueón, el refrigerador que ustedes ocupan en este país es para mantener las cosas calientes.
Se reían.
Y yo traté de aprender a reírme en finés como ellos.
Y nada.
El año pasado me invitaron dos veces a observar a Tololo, estudiante predilecto de un par de profes, y en el ocio de la noche nació mi fotolog, fotolog que maté por culpa de este blog que terminó heredando su nombre. El ocio era culpa de un telescopio que tienes que moverlo sólo cada tres horas porque estás haciendo observación en infrarrojo y en infrarrojo el tiempo de integración se recomienda así de largo. Tres horas.
Acostarte a las siete de la mañana y desayunar en la tarde. A las tres.
Subir a calibrar los filtros del telescopio.
Bajar a almorzar a las seis.
Y a las siete estar arriba de nuevo pues empieza a atardecer.
El año pasado fue terrible académicamente.
Y el problema no fue tocar fondo.
Fue tocar techo.
Un domingo mi viejo me dijo que se iba de la casa, y apenas empieza a explayarse, lo interrumpo.
- Papá, ¿tienes otra mina? - era lo único que me importaba en ese minuto junto con ver a mi vieja llorando pa'l pico.
- No Pedro, lo que no quita que haya sido infiel en el pasado.
Se me cayó el mundo.
Se me cayó la bóveda celeste entera.
- Mamá, ¿puedo llevarme el auto? necesito salir y llorar.
Desde entonces, veinte meses, he visto a mi viejo muy pocas veces.
Tres.
El lunes después de ese domingo, empecé a trabajar en investigación con unos locos de Yale.
- Me gusta tu ritmo de trabajo - me dijeron.
Obvio, si no tenía ganas de pensar, de estar solo, de niuna hueá. No me quedaba más que trabajar hasta tardísimo.
Le caí bien al principal.
Me puso como co-autor de un paper (publicación en una revista de investigación) junto a otros astrónomos.
El techo de cualquier pendejo estudiante a los 21 años.
Aparecer en un paper, del cual con cuea hice dos gráficos, pero repito, le caí bien. Ser invitado, porque sí, dos veces a Tololo, trabajar el segundo semestre en investigación con uno de los dos astrónomos Premio Nacional de Ciencias, ése que a veces aparece en las entrevistas del posero de Cristián Warnken. Tener un 7.
Y que no se haya movido ni la más puta fibra existencialista, de esas que me dijeron, "hueón, cáchate astronomía".
Quería entender los infinitos, los ceros, las teorías, los agujeros negros, las supernovas, a Einstein y a Hawking más allá de una biografía.
Hoy los entiendo.
Y sería.
¿Vuelvo a mi idea de estudiar filosofía?
No.
Es cosa de un par de ramos y termino astronomía, además de geofísica. Temblor ¿quién dijo temblor?. Y si las ganas de tener plata asegurada siguen, pues me aguanto los dos años que me faltan para terminar ingeniería civil industrial.
Por mientras.
Por mientras escribo en mi blog.
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