sábado, julio 30, 2005

carta abierta a José Tomás

¿Habrán micros que anden más rápido que las que vuelan entre Viña y Valparaíso?

Quiero ser tu amigo, te dije anoche en una, pero te lo dije medio lento porque tú sabes, más de un litro de cerveza.

Me abrazaste, un poco extrañado, igual que hoy a la hora de almuerzo cuando acepté torta de tu vieja por tercera vez.

Tu torta de vingt-trois ans.

Anoche lo pasé la raja, y por eso tuve la sensación de "anoche fue increíble, no quiero agregarle nada hoy", y me vine a Santiago.

Tú "diosas", yo las llamo "ángeles", a esas chicas que aparecen en una discoteque con ruido y transpiración, o incluso al lado de una mesa llena de completos, y que con alguna parte de su cuerpo, a vos con todo el cuerpo, a mí casi siempre con sus ojos, nos calientan la piel, lo que hay debajo de ella y lo que pensamos de la vida.

Pasa finalmente que los ángeles tienen alas y yo no.

¿Qué mierda quise decirte en la micro?

Que no cacho cuanto dimensionas a las personas que te rodeamos. Tus amigos y amigas somos la raja, claro, porque vos eres la raja. Y a veces siento que no nos valoras. Hay una condicionante, una cuenta quizá, no cacho. A veces siento que te fijas en hueás tan importantes para una amistad, como (tú sabes) un maní recién langueteado por un elefante.

Si yo soy un libro abierto, dijiste delante de todos anoche.

Abierto en las tres primeras páginas, y el resto de las hojas pegadas con "la gotita", te interpelé.

Hueón, yo tengo sinceras ganas de leerte.

Pero tampoco quiero que nos pongamos melosos, y hablemos seriamente sobre nuestra amistad la próxima vez que nos veamos, porque aparte del pudor, prefiero dejar eso pa las hueás mamonas de blogs y fotologs.

Quiero que sigamos cagándonos de la risa con Tadashi, Antonio, Sofía, Georg, Daniel y el que quiera subirse a esta micro, cien veces más rápida que la 1 o la 22, que va entre los dos más cómodos paraderos.

Cuna y ataúd.

Quiero también que estés consciente que influyes en mi vida más de lo que crees. Por algo la decisión de compartir la sala de clases los próximos semestres, por algo la mimetización en el habla, en el humor. Por algo tengo convencida a mi vieja que me siguen gustando los manjarate.

Por algo planifico reuniones tan largas contigo.