tarde de pendejos
- No entres al laboratorio, es una mierda de fome - me dijeron apestados Daniel y Tomate, que venían saliendo del turno anterior al mío.
- Vamos a mi casa a ver el partido de Fernando González - propuso Daniel.
Les "costó un mundo" convencerme.
Daniel es campeón sudamericano universitario del lanzamiento de la bala, y hexacampeón (¿qué viene después? ¿hepta?) nacional universitario, ah y campeón nacional adulto este año también, pero porque Verni no vino a competir no más.
Es lejos, uno de los hue'ones más tiernos que conozco.
Tomate es el terror viñamarino de las minas, guapetón y calienta-sopas por excelencia. Estas semanas trabaja ayudando en el rodaje de la película de su hermano, estudiante de una escuela de cine francesa, (¿les suena La Femisse?) que se trajo el equipo de producción a Chile a filmar.
Esperamos verlo en los créditos.
ERASER, José Tomás Lasnibat.
Y yo.
Pedro "el Taj Mahal queda en Agra" Pineda.
Los tres en un auto chiquito, con parlantes del porte de las ruedas, cantando a todo chancho, Tommy Rey o Every you and every me.
Y en los semáforos que me escondo debajo de la polera mientras, mientras este par de tontos saludan a todas las chicas, ojalá con jumper, que están en la calle.
Siento que andando con ellos soy feliz.
Nos reímos, junto con Tadashi que hoy se nos perdió, de los grandes y poseros aportes congnoscitivos de nuestros compañeros.
Nos reímos de lo imbéciles que somos nosotros.
Nos reímos de estar conscientes que si Daniel se propone violarnos a los tres, cagamos.
Y hoy.
Fue una tarde de pendejos.
Como esas de colegio que uno echa de menos con tanto estrés y cosas de grandes.
Una real tarde de pendejos.
La mayor expresión de genialidad en actitudes estúpidas, infantiles y sin mayor cranéo mental.
Jugando.
(Disfruto jugando. Ninguna chica que haya estado conmigo, puede decir que no se ha avergonzado de mí en público alguna vez, haciendo alguna estupidez).
Y es que me encanta.
Saber que estoy ante tipos que entienden, cualquier matemática, cuántica o relatividad.
Que han leído a Joyce o a Sócrates.
Y que le echan la culpa al repollo después de tirarse un ope en mi cara.
Tarde de pendejos.
Hueveando con una de esas pelotas como saltarina, gigantes, que puedes comprar chamando cha, que parece sirven para tratamiento kinesiológico, bajar de peso tanfáciltanpráctico o qué sé yo.
Arqueando la espalda en ella.
Dándole bote imitando los cachetes de kiko.
Simulando una copulación, aprovechando lo blandita.
Tirándosela encima, por la espalda, al que no suelta el computador.
O simplemente quedándose dormido, rico, encima. Abrazándola.
Para un tipo como yo, pudoroso a morir de hablar sobre lo que sabe, y que desconfía de las intenciones de quien expone teorías, jugar es el lenguaje perfecto.
Y la de hoy, una tarde perfecta.
- Vamos a mi casa a ver el partido de Fernando González - propuso Daniel.
Les "costó un mundo" convencerme.
Daniel es campeón sudamericano universitario del lanzamiento de la bala, y hexacampeón (¿qué viene después? ¿hepta?) nacional universitario, ah y campeón nacional adulto este año también, pero porque Verni no vino a competir no más.
Es lejos, uno de los hue'ones más tiernos que conozco.
Tomate es el terror viñamarino de las minas, guapetón y calienta-sopas por excelencia. Estas semanas trabaja ayudando en el rodaje de la película de su hermano, estudiante de una escuela de cine francesa, (¿les suena La Femisse?) que se trajo el equipo de producción a Chile a filmar.
Esperamos verlo en los créditos.
ERASER, José Tomás Lasnibat.
Y yo.
Pedro "el Taj Mahal queda en Agra" Pineda.
Los tres en un auto chiquito, con parlantes del porte de las ruedas, cantando a todo chancho, Tommy Rey o Every you and every me.
Y en los semáforos que me escondo debajo de la polera mientras, mientras este par de tontos saludan a todas las chicas, ojalá con jumper, que están en la calle.
Siento que andando con ellos soy feliz.
Nos reímos, junto con Tadashi que hoy se nos perdió, de los grandes y poseros aportes congnoscitivos de nuestros compañeros.
Nos reímos de lo imbéciles que somos nosotros.
Nos reímos de estar conscientes que si Daniel se propone violarnos a los tres, cagamos.
Y hoy.
Fue una tarde de pendejos.
Como esas de colegio que uno echa de menos con tanto estrés y cosas de grandes.
Una real tarde de pendejos.
La mayor expresión de genialidad en actitudes estúpidas, infantiles y sin mayor cranéo mental.
Jugando.
(Disfruto jugando. Ninguna chica que haya estado conmigo, puede decir que no se ha avergonzado de mí en público alguna vez, haciendo alguna estupidez).
Y es que me encanta.
Saber que estoy ante tipos que entienden, cualquier matemática, cuántica o relatividad.
Que han leído a Joyce o a Sócrates.
Y que le echan la culpa al repollo después de tirarse un ope en mi cara.
Tarde de pendejos.
Hueveando con una de esas pelotas como saltarina, gigantes, que puedes comprar chamando cha, que parece sirven para tratamiento kinesiológico, bajar de peso tanfáciltanpráctico o qué sé yo.
Arqueando la espalda en ella.
Dándole bote imitando los cachetes de kiko.
Simulando una copulación, aprovechando lo blandita.
Tirándosela encima, por la espalda, al que no suelta el computador.
O simplemente quedándose dormido, rico, encima. Abrazándola.
Para un tipo como yo, pudoroso a morir de hablar sobre lo que sabe, y que desconfía de las intenciones de quien expone teorías, jugar es el lenguaje perfecto.
Y la de hoy, una tarde perfecta.
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