Maija
- ¿De qué están hablando? - pregunté en el grupo al que me habían asignado por llegar diez minutos tarde a clases.
- De mí - respondió riéndose algo avergonzada.
Se estaba acostumbrando a eso, desde que llegó a Chile.
Se llama Maija, y como casi toda la gente que viene de intercambio de Finlandia, y que genética y desesperadamente necesita absorber energía del sol, es blanca y rubia.
De nuevo había trabajo en grupo como la semana pasada, pero Vignolo no estaba.
Hablamos de cada uno de nosotros, y en parte porque ella a lo mejor no entendía y en parte porque me encanta cualquier excusa para ladrar en finés, le traduje que:
- Minä ollen tahtitieteilija.
- ¿Cómo sabes esas palabras?, ¿cómo te acuerdas? - me dijo ríendo sorprendida.
Decirle que mi blog se llamaba así, y que al menos escribía tahti todos los días, hasta que la barrita del navegador hiciera el resto, era restarme crédito.
Y no sé porqué no quería restarme crédito.
Es linda, un poco, pero tampoco es de mi tipo.
Y en ningún caso me acerco a ella por eso.
De hecho si me gustara no me acercaría a ella.
Pasa que cuando veo a alguien nuevo en un grupo, suelo prestar atención a que esa persona se sienta incluida.
Me pasa siempre.
Quizá sea por el anhelo de que alguien sea así conmigo cuando sea yo el nuevo en un grupo.
El nuevo en un grupo.
Nunca voy a olvidar mi primer día de clases en Bélgica, cuando me fui de intercambio, en cuarto medio.
Nunca voy a olvidar cuánto amé a la chica que desde el otro lado de la sala me movió las cejas como diciéndome hola.
Así de simple.
Después, más popular, más latin lover y todo, nunca me acerqué a ella ni fuimos tan amigos tampoco. Con suerte hablamos un par de veces en los cambios de hora, o camino al tren. Pero ese gesto, tan insignificante para ella, fue un universo entero para mí.
Fue el único gesto que recibí de alguien el primer día.
¡Puta los hue'ones fríos!
Me decían que la gente allá era y es así, pero que cuando tiene un amigo lo tendrá para el resto de su vida, no como los latinos que al par de años se olvidan.
Así y todo, encuentro que exageran en su forma de ser.
Además, han pasado seis años y yo todavía me acuerdo de Fleur.
Quería explicarle eso a Maija.
Oye ¿sabís qué?, yo me acerco pero no pa' jotearte, sino que por blablabla. ¿Jotear?, ¿Me iba a poner a explicarle que significaba jotear?, bueno, eeeh, interesarse sexualmente por alguien, que te rondea. Jajaja.
No.
No se me ocurría cómo, pero al término de la clase me acerqué a ella.
Y fue así.
- Maija, ¿cómo te has sentido en Chile?.
- Bien, muy bien, gracias.
- Pero, ¿cómo te has sentido con la gente?.
- Ustedes son muy amables.
- ¿Sabes?, mis primeros días en mi intercambio fueron súper incómodos, me sentía solo y por eso el primer día de clases me acerqué a ti y te hablé, además de que me recordabas mucho a mi amiga Nadja.
Me escuchaba atenta.
- Y nada, que me importa que te sientas bien, porque además en Finlandia fueron muy simpáticos conmigo, y yo tenía siempre a Nadja que me ayudaba.
- Muchas gracias. Ustedes los chilenos son muy amables - repitió - pero de todas maneras, todos tienen sus amigos, su familia, su universidad.
- Ah ¿y no te sientes tan incluida? - le pregunté.
- ¿Incluida? - me miró como si le acabara de decir tghuuntipilicrocró.
- Incluida, ser una más del grupo, de los amigos, de la universidad - traté de explicarle dándome cuenta que no sólo basta con articular bien mientras le hablo.
- Ah claro, como además yo estaré sólo seis meses, entonces entiendo que sean así.
- Mira Maija, yo feliz de invitarte a salir, de presentarte a mis amigos, de in-clu-ir-te un poco ¿te parece?.
Se lo dije viéndola tan Pedro, tratando de imaginar qué mierda hubiera sentido yo si un hueón, casi de la nada, que habla algo mi idioma, que hace reír al profe, que se despide de casi todos quienes van saliendo de la sala, se hubiese acercado a mí así tan directo, tan simple.
- Gracias - me dijo, parece que muy contenta y sonriente.
Como no tenía ganas de esperar a verla hasta la clase del otro miércoles, y ya había dejado pasar varias semanas sin haberme acercado tan directo, para que no se sintiera incómoda, después del beso de chao, le dije:
- Dame tu mail.
- De mí - respondió riéndose algo avergonzada.
Se estaba acostumbrando a eso, desde que llegó a Chile.
Se llama Maija, y como casi toda la gente que viene de intercambio de Finlandia, y que genética y desesperadamente necesita absorber energía del sol, es blanca y rubia.
De nuevo había trabajo en grupo como la semana pasada, pero Vignolo no estaba.
Hablamos de cada uno de nosotros, y en parte porque ella a lo mejor no entendía y en parte porque me encanta cualquier excusa para ladrar en finés, le traduje que:
- Minä ollen tahtitieteilija.
- ¿Cómo sabes esas palabras?, ¿cómo te acuerdas? - me dijo ríendo sorprendida.
Decirle que mi blog se llamaba así, y que al menos escribía tahti todos los días, hasta que la barrita del navegador hiciera el resto, era restarme crédito.
Y no sé porqué no quería restarme crédito.
Es linda, un poco, pero tampoco es de mi tipo.
Y en ningún caso me acerco a ella por eso.
De hecho si me gustara no me acercaría a ella.
Pasa que cuando veo a alguien nuevo en un grupo, suelo prestar atención a que esa persona se sienta incluida.
Me pasa siempre.
Quizá sea por el anhelo de que alguien sea así conmigo cuando sea yo el nuevo en un grupo.
El nuevo en un grupo.
Nunca voy a olvidar mi primer día de clases en Bélgica, cuando me fui de intercambio, en cuarto medio.
Nunca voy a olvidar cuánto amé a la chica que desde el otro lado de la sala me movió las cejas como diciéndome hola.
Así de simple.
Después, más popular, más latin lover y todo, nunca me acerqué a ella ni fuimos tan amigos tampoco. Con suerte hablamos un par de veces en los cambios de hora, o camino al tren. Pero ese gesto, tan insignificante para ella, fue un universo entero para mí.
Fue el único gesto que recibí de alguien el primer día.
¡Puta los hue'ones fríos!
Me decían que la gente allá era y es así, pero que cuando tiene un amigo lo tendrá para el resto de su vida, no como los latinos que al par de años se olvidan.
Así y todo, encuentro que exageran en su forma de ser.
Además, han pasado seis años y yo todavía me acuerdo de Fleur.
Quería explicarle eso a Maija.
Oye ¿sabís qué?, yo me acerco pero no pa' jotearte, sino que por blablabla. ¿Jotear?, ¿Me iba a poner a explicarle que significaba jotear?, bueno, eeeh, interesarse sexualmente por alguien, que te rondea. Jajaja.
No.
No se me ocurría cómo, pero al término de la clase me acerqué a ella.
Y fue así.
- Maija, ¿cómo te has sentido en Chile?.
- Bien, muy bien, gracias.
- Pero, ¿cómo te has sentido con la gente?.
- Ustedes son muy amables.
- ¿Sabes?, mis primeros días en mi intercambio fueron súper incómodos, me sentía solo y por eso el primer día de clases me acerqué a ti y te hablé, además de que me recordabas mucho a mi amiga Nadja.
Me escuchaba atenta.
- Y nada, que me importa que te sientas bien, porque además en Finlandia fueron muy simpáticos conmigo, y yo tenía siempre a Nadja que me ayudaba.
- Muchas gracias. Ustedes los chilenos son muy amables - repitió - pero de todas maneras, todos tienen sus amigos, su familia, su universidad.
- Ah ¿y no te sientes tan incluida? - le pregunté.
- ¿Incluida? - me miró como si le acabara de decir tghuuntipilicrocró.
- Incluida, ser una más del grupo, de los amigos, de la universidad - traté de explicarle dándome cuenta que no sólo basta con articular bien mientras le hablo.
- Ah claro, como además yo estaré sólo seis meses, entonces entiendo que sean así.
- Mira Maija, yo feliz de invitarte a salir, de presentarte a mis amigos, de in-clu-ir-te un poco ¿te parece?.
Se lo dije viéndola tan Pedro, tratando de imaginar qué mierda hubiera sentido yo si un hueón, casi de la nada, que habla algo mi idioma, que hace reír al profe, que se despide de casi todos quienes van saliendo de la sala, se hubiese acercado a mí así tan directo, tan simple.
- Gracias - me dijo, parece que muy contenta y sonriente.
Como no tenía ganas de esperar a verla hasta la clase del otro miércoles, y ya había dejado pasar varias semanas sin haberme acercado tan directo, para que no se sintiera incómoda, después del beso de chao, le dije:
- Dame tu mail.
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