jueves, julio 28, 2005

ópera en mi cabeza

Usted es muy cool, me dijo Alejandro, el conserje peruano de mi edificio (Con el que me llevo muy bien, en parte porque siempre me he preocupado de ser un chileno acogedor, y en parte porque es muy tela).

Multiuso yo diría, le respondí.

Claro, venía saliendo de la ducha, con mi camisa café con rayas amarillas, rumbo a la ópera en el municipal, siendo que quince minutos antes me había visto entrando al edificio, muerto de cansado arrastrando la raqueta de tenis, por haber estado jugando más de tres horas con mis amigos de la U.

La función, una mierda.

Nunca me ha gustado la ópera, y anoche me volví a dar cuenta de eso. Por los diamantes sonando al aplaudir según Lennon, por los gritos en sí, y en re.

Y claro, como tres horas, pero ahora de ópera, eran muchos segundos juntos, me dediqué a pensar en mi vida, en particular en mis ex parejas. Influenciado, yo creo, por lo que estaba pasando en el escenario con los gorditos chillones, y sus dramas de amor.

Y fui haciendo mi propia ópera en mi cabeza.

Me sonroja reconocer que use la cama mucho más que los que estaban cantando en frente.

Era el aburrimiento.

Era esa necesidad, de repasar paso a paso cada instante. Como creyendo saborearlo nuevamente.

Pero el sabor es otro.

Mi pasión enloquecedora y tierna, por el cuerpo de mis ex. Esas poleras y pantalones que usaban para dormir. Para dormir conmigo, solos o no en sus departamentos, y que duraban sobre ellas siempre menos de cinco minutos. Y ellas lo sabían.

No hay nada como hacer el amor. Ese sentimiento de plenitud al estar abrazados desnudos, todo mojados por la felicidad, por la transpiración.

Acordarme de mi primera vez.

De mis primeras veces.

De las últimas, hace varios meses ya.

Aplausos.

¿te gustó? - me pregunta mi cita sentada en la butaca de al lado.

Eh ah!, me encantó, me en-can-tó.