martes, julio 19, 2005

Examen de Mecánica Cuántica


Estaba feliz.

Estoy más triste que la mierda.

Feliz, porque tras una semana completa estudiando, despedazándome, pensando en lo bien que lo pasa la gente los fines de semana, y lo mal que lo pasaba yo con este examen de segunda instancia (el del famoso profe maldito de cuántica) en la mitad de mis vacaciones, estaba feliz porque lo había destrozado ayer en la mañana.

Creo que nunca había estudiado con tanto ahínco, con tanta esperanza, con tantos libros distintos hablando de lo mismo, con tanto moco en la nariz, porque me resfríe fuerte, habiendo hecho tantos ejercicios.

Y ya no importaba, había hecho mierda el examen.

Solo.

En la misma oficina del profe.

¿El examen? ¡Casi imposible!, más aún si te dan la mitad del tiempo habitual para un examen así.

Eran signos de falsa modestia quizá, decirle a los que me rodeaban que prefería ver la A de aprobado para celebrar.

Yo ya estaba celebrando. Calculaba hasta un seis.

Manejando muy rápido, con la música muy fuerte y con mi boca muy marcada en una sonrisa.

Paulina, ¿vamos a comprar música y libros, y hasta derrepente ropa?

1856 páginas tiene Guerra y Paz de Tolstoi.

44 minutos 34 segundos dura el disco de Kings of Convenience (escuchen Misread por favor, les va a gustar de uno a diez, un diez).

Y quise sacarme esta foto en la calle feliz. Feliz conmigo. Con fuerza.

¿Vamos a un cibercafé? el profe dijo que me enviaría un mail. Le dije cero nervioso, ni siquiera tan ansioso.

Expectante y saboreando por adelantado, como cuando viajas a la costa y ves las primeras brochas de mar.

El mail decía:

Pedro,

Lamentablemente no te alcanzo para el 4.

Rodrigo Arias



Paulina y su voz se ahogaron, salgamos de aquí me dijo.

Y caminamos, desde Providencia a Plaza Ñuñoa.

En silencio.